
Administración pública e inteligencia artificial: cómo innovar sin perder el control
La Administración pública, como organización social, se ha construido dogmáticamente y se ha concretado en la práctica sobre la base de la centralidad de la persona. La definimos como un conjunto de medios humanos y materiales al servicio del interés general y la articulamos como una suma de órganos a los que se atribuyen legalmente competencias que se ejercen bajo la dirección de una persona, su titular. Con la automatización de la acción administrativa cambia su configuración, pero ¿ha de cambiar también su concepción?
